¿Qué puede aportarnos para hacer investigación en salud mental en la Argentina? Planteamos algunos aspectos preliminares para establecer las metas en Argentina. Proyecto Suma cuenta con un Área de Investigación que viene publicando diversos artículos quiere contribuir a este debate.
La editora de la revista Journal of Mental Health, Til Wykes, junto a un conjunto de investigadores destacados, acaban de publicar un documento por demás interesante sobre las metas de investigación en salud mental en el Reino Unido (Shared goals for mental health research: what, why and when for the 2020s).
Además de destacarse el modo colaborativo entre personas con experiencia académica y personas con experiencia vivida de padecimiento mental para señalar las metas generales, el documento establece los objetivos específicos que permitirían evaluar el progreso hacia las metas planteadas, propone los pasos necesarios para cumplir con los objetivos y plantea un marco temporal para lograrlo.
Las metas que plantea el documento son:
Meta 1: Investigar para lograr disminuir en un 50% el número de niños/as y jóvenes que experimentan problemas mentales persistentes.
Meta 2: Investigar para mejorar la comprensión de los vínculos entre salud física y salud mental, y eliminar la diferencia de mortalidad que se asocia al padecimiento mental.
Meta 3: Investigar para aumentar el número de nuevos y mejores tratamientos, intervenciones y apoyos para los problemas de salud mental.
Meta 4: Investigar para mejorar las opciones y el acceso a cuidados de salud mental, tratamiento y apoyo en contextos hospitalarios y comunitarios.
En estos tiempos de pandemia, en los cuales se han publicado más de 6.000 artículos sobre salud mental y Covid-19 tan solo en las revistas indexadas en PubMed, la biblioteca médica nacional de los Estados Unidos, la definición sobre prioridades de investigación en el tema reviste particular importancia.
Como no podía ser de otra manera, entre los objetivos específicos para la Meta 3 se encuentra el desarrollo y evaluación de la efectividad de las intervenciones remotas que complementen y/o refuercen las intervenciones presenciales que promueven la prevención, el apoyo y la recuperación.
El documento enfatiza que de acuerdo a datos ya existentes, el tiempo que demoran las investigaciones en salud mental en implementarse por medio de tratamientos y servicios ronda los 17 años. Sin embargo, la pandemia podría estar acelerando estos tiempos (la producción de vacunas eficaces con una velocidad sin precedentes serían un ejemplo de esta posibilidad), y la perspectiva podría ser alentadora siempre y cuando: (a) la financiación de las investigaciones pudiera alinearse con lo que se plantea, (b) se monitoreen los avances y dificultades para que todo esto se traduzca en beneficios para las personas con necesidades de atención y cuidado en salud mental, y (c) el compromiso con estas metas sea un emprendimiento compartido por investigadores y quienes toman las decisiones en materia de políticas de salud / salud mental.
En Argentina, la definición de metas equivalentes debería estar en conexión con el Plan Nacional de Salud Mental y, particularmente en consideración del capítulo 11 referido a “Monitoreo y Evaluación” (de la implementación de la Ley Nacional de Salud Mental Nº 26.657).
De todos modos, las metas de la investigación en salud mental debieran ser más abarcativas y no debieran reducirse al monitoreo del marco normativo. Más que nunca, los cuidados y la atención en salud mental requerirán de los aportes que puedan generarse por medio de la investigación rigurosa en salud mental. Y, el consenso entre los organismos nacionales (como la Dirección Nacional de Salud Mental y Adicciones) y los organismos de gestión provinciales y municipales, con los destinatarios finales de dicho aporte, sería una condición indispensable.
Autor: Lic. Martín Agrest, coordinardor del Área Investigación de Proyecto Suma
La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de publicar su reporte de la encuesta Pulse basado en una segunda ronda de preguntas sobre la continuidad de servicios esenciales de salud en los primeros tres meses de 2021, de la cual participaron 135 países del mundo. El reporte anterior (Pulse survey on continuity of essential health services during the COVID-19 pandemic) había indagado la situación de estos mismos servicios entre mayo y julio de 2020, y había obtenido la respuesta de 105 países.
Básicamente, la preocupación de ambos estudios consiste en qué ha pasado durante este tiempo con la atención de otras especialidades no destinadas a las personas con COVID-19 (o con secuelas derivadas del mismo) y cuáles son los efectos de que otros servicios pudieran haber dejado de funcionar.
La pregunta no nos es ajena en tanto la atención de salud mental no fue considerada prioritaria en ningún lugar del mundo, pese a que se ha señalado repetidas veces el significativo impacto emocional que ha tenido en la población mundial en general y en quienes ya tenían algún tipo de padecimiento mental previo.
Más del 90% de los países informaron en este segundo informe haber sufrido interrupciones en la provisión de otros servicios esenciales de salud.
En particular, más de un 40% de los países reportó que sus servicios de atención primaria, rehabilitación, cuidados paliativos y tratamientos de larga duración habían sido afectados en cuanto a la disponibilidad y el acceso a los mismos, siendo que dichos servicios se dirigen a una población particularmente vulnerable.
El tamizaje para la detección de cáncer, por ejemplo, fue reportado por casi el 20% de los países como habiendo sido interrumpidos el 50% o más en sus servicios, aunque el 50% dijo haber tenido algún porcentaje de interrupción de los servicios.
Los servicios de salud mental fueron mencionados por el 45% de los países como habiendo sufrido interrupciones en su provisión.
Los programas de salud mental de las escuelas fueron interrumpidos en el 66% de los países y un 40% de los países señaló que el 50% o más de los servicios provistos se habían interrumpido.
Los servicios para adultos mayores fueron afectados según el 48% de los países y en un 10% de los países su interrupción fue superior al 50%.
La región de las Américas fue la más afectada en cuanto a los servicios de salud mental. Si, globalmente, el 45% de los países había informado tal afectación, en las Américas esta cifra llegó al 60%.
Los motivos señalados para estos problemas fueron: la insuficiencia de personal, el miedo o desconfianza respecto de los servicios de salud, la menor concurrencia de los pacientes, problemas económicos, limitaciones para circular y restricciones para movilizarse, falta de elementos de protección personal, etc.
Muchos países intentaron mitigar estos efectos por medio de diferentes estrategias: una adecuada comunicación comunitaria, la identificación de pacientes con necesidades prioritarias, la contratación de personal adicional, la redirección de los pacientes a otros lugares de cuidado o cuidado domiciliario, el aumento de la teleconsulta, intervenciones de autocuidado, formas nuevas de prescripción de medicamentos, delegación de funciones en otro personal menos calificado pero capacitado en funciones específicas, etc.
La teleconsulta mostró una amplia variación de acuerdo con los ingresos per cápita de los países. Un 96% de los países de altos ingresos se valieron de la teleconsulta. En cambio, recurrieron a esta estrategia un porcentaje cercano al 33% de los países de medianos ingresos, y algo menos de un 30% de los países de bajos ingresos.
Desafortunadamente, las bondades de la teleconsulta contribuyen a la desigualdad.
Una buena noticia es que algunos de estos indicadores mejoraron respecto del estudio realizado en 2020.
Los servicios de salud mental pasaron de tener algún nivel de interrupción en el 59% de los países al 45%. Principalmente, la mejoría se dio en un descenso de los países que habían referido que más del 50% de sus servicios se habían visto interrumpidos.
En tanto, en el primer estudio 20% de los países dijeron que 50% o más de los servicios de salud mental se habían visto interrumpido, en tanto fue el 10% de los países los que afirmaron este nivel de interrupción.
En la misma línea de la preocupación señalada por la OMS, Proyecto Suma ha participado de un estudio en cinco regiones de la Argentina, con 76 informantes claves, para conocer cómo se vieron afectados los diferentes servicios de salud mental (en la atención primaria, en los consultorios externos, en las salas de internación, en los servicios de rehabilitación, y en los servicios de urgencias).
Sus resultados fueron recientemente publicados (Impacto de la pandemia por COVID-19 en los servicios de salud mental en Argentina) por la Revista Argentina de Salud Pública en un número especial sobre COVID-19.
En este estudio se señala la agudización de las consultas debido a un intento de evitar los servicios de salud hasta que las situaciones se vuelven más inmanejables que lo habitual, limitaciones generales para efectivizar las internaciones por causas de salud mental, una creciente evitación para internar en hospitales generales y un ligero incremento de la internación en hospitales especializados, una menor disponibilidad de servicios de salud mental a los que recurrir y una afectación generalizada de los abordajes grupales.
En base a la información provista por la OMS, en coincidencia con el estudio en el que participamos, es importante tener presente que las personas no solo pueden verse afectadas por el coronavirus y que la pérdida de otros servicios esenciales de salud puede tener consecuencias igualmente gravosas sobre las personas.
El abandono de dichos servicios puede haber sido una decisión forzada para la mayoría de los países del mundo, pero el regreso al mejor funcionamiento posible de los mismos sigue siendo prioritario de implementar con la información que se encuentra disponible.
El balance entre la asignación de recursos para la atención de personas con coronavirus y para la atención de otras problemáticas de salud no parece simple y mucho menos cuando la comunidad va siguiendo día a día el número de personas contagiadas y muertas, pero desconoce las otras cifras.
Argentina no está ajena a este problema bien descripto por la OMS para 135 países de todo el mundo. Sin desconocer la gran transmisibilidad y letalidad del coronavirus, los profesionales de la salud mental también debemos enfatizar la importancia de resguardar en la medida de lo posible el adecuado funcionamiento de nuestros servicios.
Autor: Lic. Martín Agrest, coordinardor del Área Investigación de Proyecto Suma
Recientemente, la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) ha elaborado un nuevo informe para arrojar luz sobre problemas vinculados a la salud mental de la población de Argentina y, especialmente, en conexión con la aplicación de la Ley Nacional de Salud Mental Nº 26.657, sancionada en 2010. En esta oportunidad el foco del informe está puesto en los recursos económicos destinados a la atención en salud mental y su grado de concordancia con algunos de los principios establecidos en dicha ley.
A saber:
(a) asignar mayores recursos para la salud mental con la finalidad de alcanzar al 10% del presupuesto de salud general;
(b) financiar programas, dispositivos y servicios que contribuyan a la vida en la comunidad de quienes hubieran tenido largas estadías en hospitales psiquiátricos o mediante los cuales se podrían evitar internaciones;
(c) disminuir de forma progresiva las camas y luego cerrar los hospitales psiquiátricos junto con el desarrollo de opciones para el cuidado, apoyo y tratamiento de las personas externadas.
El informe de ACIJ es elocuente con respecto a la insuficiencia de recursos y, también, la escasez de inversión en alternativas a la internación psiquiátrica sumada a la marcada sub-ejecución presupuestaria entre 2016 y 2019. Sin embargo, es aún más elocuente respecto de otros problemas estructurales que el informe apenas roza:
(1) No hay un buen sistema de información que permita conocer la verdadera inversión pública en temas de salud mental;
(2) la Dirección Nacional de Salud Mental se ha desprendido prácticamente de todos los efectores de salud mental, cuenta con muy pocos servicios y programas que no hubieran pasado a otras jurisdicciones (por ejemplo, a la órbita de las provincias o de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) y tiene una muy limitada capacidad de incidencia respecto de la planificación y de la atención en salud mental en el país;
(3) no hay modo de saber cuál es el porcentaje de la inversión en salud mental que se destina a los hospitales psiquiátricos (que se supone que debían cerrarse) y cuál el porcentaje destinado a otros efectores de la red de salud mental.
La información disponible y que toma en cuenta ACIJ es verdaderamente parcial y limitada. Por lo tanto, si bien sus conclusiones pueden intuirse como acertadas, deben tomarse con cautela. El análisis se basa en la inversión que realiza “el Ministerio de Salud (a través de la actividad “Apoyo y Promoción de la Salud Mental” del Programa 42), los dos hospitales monovalentes sujetos a la jurisdicción nacional (Colonia “Dr. Manuel A. Montes de Oca” y al Hospital Nacional en Red especializado en Salud Mental y Adicciones “Lic. Laura Bonaparte”) y la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (SEDRONAR)”.
En base a esa información tiene poco sentido concluir que la mayor inversión en salud mental en el país se sigue haciendo en los hospitales psiquiátricos ya que la inversión desde el Estado nacional es ínfima comparada con lo que se invierte desde los organismos provinciales y municipales. Podría ser el caso que los otros organismos gubernamentales invirtieran proporcionalmente más en programas de inclusión social que en hospitales monovalentes y, en tal sentido, la proporción total fuera diferente a la concluida por ACIJ.
De todos modos, es cierto que otras informaciones son concurrentes con lo señalado por ACIJ y no hay discusión posible respecto de que:
(a) el objetivo de cerrar los hospitales no se cumplió;
(b) las medidas para facilitar las externaciones y evitar las internaciones fueron insuficientes;
(c) la inversión en salud mental sigue siendo escasa.
En base a estudios en los que participó Proyecto Suma se puede estimar que los hospitales generales han tenido complicaciones adicionales durante la pandemia para poder recibir pacientes y que las internaciones que se realizaron tendieron a concentrarse en los hospitales que, de acuerdo con la ley 26.657, se suponía que debían cerrarse. Los pacientes han evitado concurrir a hospitales en los cuales también se atendían pacientes con COVID-19, los servicios han tenido que reestructurarse para hacer lugar a una mayor afluencia de pacientes con COVID-19 y eso implicó reducir o cerrar salas de internación psiquiátrica en los hospitales generales, se redistribuyeron las tareas y el personal se vio afectado a tareas vinculadas al COVID-19, etc. En este sentido, el objetivo de priorizar los hospitales generales para realizar las internaciones por temas de salud mental se ha visto fuertemente cuestionado en estos tiempos de pandemia.
La inversión en salud mental está más pendiente que nunca y, particularmente, si consideramos que la pérdida de seres queridos a causa del coronavirus, la incertidumbre, el miedo, el aislamiento, la angustia, las dificultades económicas y la alteración de buena parte de las rutinas, anticipan mayores necesidades de cuidado de la salud mental. Y, la reasignación de los recursos para esta inversión nunca es fácilmente aceptable por el conjunto de trabajadores y por los destinatarios de estos recursos. Tal vez un buen inicio sea contar con mejor información desagregada para poder monitorear si verdaderamente la inversión en salud mental se dirige a la atención en la comunidad o sigue concentrada en las internaciones prolongadas en lugares cerrados y sin apuesta alguna por la mayor autonomía e inclusión posible de todas las personas.
Autor: Lic. Martín Agrest, coordinardor del Área Investigación de Proyecto Suma
Durante el 2020 nos enfrentamos con el gran desafío de contribuir a contrarrestar los efectos negativos que la pandemia tuvo sobre las personas y, especialmente, sobre aquellas más vulnerables.
Las herramientas tecnológicas, lo sabemos, resultaron fundamentales para mitigar el aislamiento y la soledad que las condiciones sanitarias impusieron. Para ello debimos trabajar de modo intenso sobre la brecha digital, propiciar que todas las personas accedan a las nuevas formas de atención virtual.
Los adultos mayores tienen mayor riesgo de enfermarse gravemente a causa de la Covid-19. A la vez, el aislamiento y la soledad, tienen un impacto particular en ellos. Integran una población que en general no tiene un hábito ni un manejo facilitado a la tecnología.
Por todo ello, nuestros esfuerzos estuvieron dirigidos, desde un principio, tanto a diseñar un sistema de atención integral virtual como a facilitar el acceso de los usuarios a la tecnología en función de los recursos disponibles y posibilidades de cada situación.
Hemos logrado, a partir de un trabajo mancomunado, buenos resultados. En la actualidad contamos con múltiples propuestas y actividades virtuales, también acompañamos el acceso y la integración a ellas según las necesidades y posibilidades de cada participante.
Consideramos que, a futuro, coexistirán las modalidades virtuales y presenciales de atención. Es por ello que hacemos extensiva nuestra propuesta a personas que residen en otros lugares del país.
Hacer click aquí para mayor información sobre el proceso de admisión.
Adultos Mayores incluye:
Desde el Foro de sociedades, organizaciones de la sociedad civil y universidades recibimos con satisfacción el pronunciamiento de los ministras y ministros de salud de Argentina del 5 de marzo del corriente año. Este documento es una demostración cabal de que, pese a las enormes dificultades que plantea esta condición excepcional de la pandemia y más allá de las diferencias políticas, las principales autoridades sanitarias de nuestro país muestran un fuerte compromiso para gestionar la salud desde una postura democrática, madura y comprometida con la Salud Pública.
Cuando el objetivo común es la salud y el bienestar de todos y de todas, es posible aunar esfuerzos para lograrlo. Invitamos a los medios de comunicación y a toda la población a hacer lo mismo.
Adhieren
Asociación Argentina de Anticoncepción (AMAdA)
Asociación Argentina de Cirugía Pediátrica ACACIP
Asociación Argentina de Disfagia (AAD)
Asociación Argentina de medicina y cuidados paliativos
Asociación Argentina de Nutricionistas y Licenciadas en Nutrición (AADYND)
Asociación Argentina de Psiquiatría Infanto juvenil y profesiones afines (AAPI)
Asociación Argentina de Salud Mental (AASM)
Asociación Argentina de Salud Pública (AASAP)
Asociación Argentina de Sexología y educación sexual (AASES)
Asociación Ciclo Positivo
Asociación Civil Surcos
Asociación de Economía de la Salud (AES)
Asociación de Medicina Interna de Rosario AMIR
Asociación de Medicina Interna de Venado Tuerto AMIVET
Asociación de psicólogas y psicólogos de Buenos Aires (APBA)
Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA)
Asociación Entrerriana de Nutrición (AEN)
Asociación Metropolitana de Medicina Familiar AMMF
Asociación Toxicológica Argentina (ATA)
Capítulo Argentina RedBioética
Federación Argentina de Medicina Familiar y General (FAMFyG)
Foro Argentino de Medicina Clínica
Fundación emergencias
Fundación HCV sin Fronteras
Fundación Huésped
Instituto del Conurbano de la UNGS
Liga Argentina de Protección al Diabético (LAPDI)
Observatorio de Salud de la Facultad de Derecho
Proyecto Suma
Red Argentina de investigadoras e investigadores en salud (RaIIS)
SAEA (Sociedad Argentina para el Estudio de las Adicciones)
SASIA Sociedad Argentina de Salud integral en la Adolescencia
Sociedad Argentina de Diabetes (SAD)
Sociedad Argentina de Emergencias (SAE)
Sociedad Argentina de Gastroenterología (SAGE)
Sociedad Argentina de Gerontología (SAGG)
Sociedad Argentina de Gerontología Geriatría
Sociedad Argentina de Infectología SADI
Sociedad argentina de investigación clínica (SAIC)
Sociedad Argentina de Medicina Interna General SAMIG
Sociedad Argentina de Medicina Pre-hospitalaria (SAMPRE)
Sociedad Argentina de Medicina SAM
Sociedad Argentina de Primera Infancia (SAPI)
Sociedad Argentina de Protozoología (SAP)
Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI)
Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE)
Sociedad Argentina de Reumatología (SAR)
Sociedad Argentina de Virología (SAV)
Sociedad Científica de Emergentologia Argentina (SCEA)
Sociedad de Medicina Interna de Córdoba SMICBA
Sociedad de Medicina Interna de La Plata SMILP
Sociedad de Medicina Interna de Pergamino
Sociedad de Medicina Interna de Santa Fe
Sociedad Iberoamericana de Salud Ambiental (SIBSA)
Universidad Nacional de la Matanza (UNLaM)
Febrero de 2021
Las sociedades, organizaciones de la sociedad civil y universidades abajo firmantes apoyamos el pedido de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA) solicitando al Ministerio de Salud de la Nación que considere incluir en la lista prioritaria de vacunación contra el coronavirus a las personas que sufren trastornos mentales severos.
La APSA fundamenta su demanda en la evidencia científica que muestra que este colectivo padece una “triple vulnerabilidad”: mayor riesgo de contagio, mayor probabilidad de desarrollar formas severas de la Covid 19, y riesgo de descompensaciones y/o mayores dificultades para el cuidado específico de su salud mental.
Las instituciones aquí firmantes consideramos que este pedido se enmarca entre las estrategias correctas para garantizar el correcto y equitativo cuidado de la salud de la población el contexto de la actual pandemia de Sars Cov-2.
Desde que comenzó la pandemia de SARS-COV2 y las medidas sanitarias que se implementaron para combatirla, advertimos sobre la importancia del especial cuidado que las personas que tienen problemas en su salud mental en momentos como estos. Hemos hecho alusión a la “triple vulnerabilidad” que esta población presenta: más riesgo de contagio, más riesgo del desarrollo de formas severas de la enfermedad y riesgo de descompensaciones o dificultades para el cuidado de los problemas específicos de su salud mental.
Nos encontramos en un momento en el que, como todos saben, se están comenzando a ejecutar los planes de vacunación en todo el mundo. Una de las decisiones importantes que tienen que tomar los estados para elaborar estos planes, tiene que ver con el establecimiento de las prioridades: qué poblaciones serán las que, por su vulnerabilidad, podrían necesitar ser consideradas como necesitadas de una mayor celeridad para recibir la inmunización.
En esa línea nos parece importante compartir algunos artículos publicados en las últimas semanas y algunas propuestas que circulan en las redes sociales y en espacios de debate dentro de nuestro campo, acerca de la importancia de considerar prioritaria la vacunación de personas con problemas de salud mental. Se trata de una población, como dijimos, de riesgo y, como sabemos, históricamente postergada.
Compartimos con ustedes, los enlaces de algunos artículos publicados y la propuesta de los colegas de “Psiquiatras en Red” que realizan un zoom el día martes 19 de enero a las 20hs para debatir este importante y muy actual tema.
Artículos relacionados:
Las sociedades abajo firmantes observamos con suma preocupación la injerencia del poder judicial en un tema médico-científico con implicancia en la salud pública, sobre aplicación de dióxido de cloro en pacientes COVID-19, que obliga al equipo terapéutico a utilizar substancias no aprobadas por el ente regulador y formalmente contraindicadas por quienes sustentan su práctica sobre evidencias científicas irrefutables. Con una substancia que, tanto el Ministerio de Salud de Nación, como otras instituciones vinculadas a la salud (SAM, SADI, SAP, ATA, SIBSA), se habían manifestado contraindicando su aplicación, no sólo por su ineficacia sino fundamentalmente por su falta de seguridad.
La justicia no debe obligar a los médicos a indicar una medicación que no tiene respaldo científico y que no está autorizada por los entes de regulación nacional e internacional, ni respaldada por las sociedades científicas nacionales e internacionales. Las autoridades competentes (ministerios de salud, secretarías de salud, colegios o consejos de médicos, instituciones judiciales, otras) deben dar seguridad y garantía jurídica a los profesionales para que puedan actuar con la libertad que otorga la evidencia científica y frenen la judicialización sin fundamentos científicos. La autonomía del equipo de salud, fundamentada en el conocimiento científico y en sólidas posturas bioéticas, no puede ser reemplazada por decisiones judiciales carentes de fundamento científico que pueden dañar a la población.
Si bien entendemos la desesperación de los pacientes y sus familias ante la presencia de una enfermedad, respetuosos de los principios de la bioética y reconociendo el principio de “autonomía” de los pacientes, damos a conocer que existen otros principios como el de “beneficencia” (en este caso ausente) pero fundamentalmente el de “no maleficencia” (“primum non nocere”: “lo primero es no hacer daño”): primero no dañar es un eje rector ante todo acto médico e implica no indicar productos sin evidencia científica.
Ante estos hechos, repudiamos el accionar de aquellos profesionales de la salud que alientan estas medidas y no miden el daño de sus actos.
Adhieren:
FORO DE SOCIEDADES CIENTÍFICAS ARGENTINAS, DE ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL Y DE UNIVERSIDADES – Integra 𝐏𝐫𝐨𝐲𝐞𝐜𝐭𝐨 𝐒𝐮𝐦𝐚
Presentamos el Calendario 2021 desarrollado en el marco del Taller de Arte en conjunto con el grupo de Lectura y Escritura del dispositivo Recuperación en Comunidad de Proyecto Suma.
Docentes Taller de Arte:
Ta. Sergio Eisen y Ta. Belén Serra DelMar
Docentes Taller de Lectura y Escritura:
Lic. Gabriela Lachowicz y Psic. Soc. Mercedes Minvielle
Coordinadora ReC: Lic. Gabriela Lachowicz
Subcoordinadora ReC: Lic. Eugenia Toriggia
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Se puede descargar el calendario completo haciendo click aquí.
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Sobre el proceso de creación del calendario
Todos los viernes, cada uno desde su casa. Unos con materiales, otros casi sin ellos. Éramos unos 12 ó 14 como en un programa de radio acompañándonos alrededor de una tarea. Durante largas tardes de otoño e invierno, los diseños escandinavos nos invitaron a descubrir la simpleza de la línea y de las formas.
Todos los viernes durante dos horas nos reenviamos imágenes, fotos de los dibujos que nos iban saliendo. Las sensaciones de estar muy lejos, muy cerca, la línea, la forma, el trabajo, nos fueron nucleando. Un taller de producción en serie. De a poco nos fuimos animando a más.
Dibujamos el mundo simétrico en tonos pastel de Wes Anderson y también la macabra poética de Edward Gorey. Y así, sin darnos cuenta, empezamos a ilustrar fondos y figuras, escenarios y personajes. Llegamos junto a Alicia al país de las maravillas, con los dibujos en pluma de Tenniel, y de su tinta negra saltamos a la versión en color de Mary Blair. La intención: reconocer que un mismo relato admite infinitas versiones, infinitas paletas de colores y trazos.
Después de tantos viernes ya conocíamos cada pequeño temblor en el trazo de cada uno y cada una y la sombra que proyectaban las fotos de los dibujos que enviaban por WhatsApp.
Dimos un paso más, nos metimos en el caballo de Troya. Bordeamos el semicírculo de Ulises y de pronto éramos capaces de dibujar y volar sobre la mitología griega.
Y de tanto dibujar e inventar, de tantos viernes tras viernes, nos dimos cuenta de que ya podíamos ilustrar en equipo. El escenario: Buenos Aires; los personajes: los animales sueltos en la pandemia. El soporte: un calendario.
Enviamos decenas de fondos de Buenos Aires y decenas de fotos de animales de todo tipo y color, la mayoría de nuestro país.
La consigna era simplemente combinar estas imágenes de la manera más absurda y disparatada posible. Así surgieron lobos marinos en lancha por Puerto Madero o cisnes danzando en el Riachuelo.
Me pareció rico explorar la situación de estos animales que durante la cuarentena se atreven a salir de ese espacio “cercado” que reconocen como seguro.
Algo análogo ocurre con nosotros, los humanos: de pronto situaciones inéditas nos muestran que nuestro horizonte va mucho más allá del que creíamos… O del que nos hicieron creer. De pronto una noche de la cuarentena una interminable fila de patos se animó a cruzar la Libertador e investigar qué había más allá del lago del Planetario…
De pronto, un viernes nos dimos cuenta de que estábamos cruzando la avenida hacia una forma de trabajo más profesional, con tareas más complejas, con un compromiso grupal que es el que nos permitió crear este calendario.
Sergio Eisen
El método científico ha dado muestras de ser el mejor procedimiento para el avance del conocimiento en general, y para validar la seguridad, eficacia y calidad de las vacunas. Ahora que la esperanza de una vacuna que pueda prevenir y limitar el daño del COVID- 19 se hizo realidad, todos debemos asumir el compromiso y la responsabilidad de brindar información veraz y de fuentes oficiales.
Esto resulta esencial para fortalecer la confianza pública en la campaña de vacunación contra el COVID-19, robusteciendo la solidaridad y la necesidad de ampliar el vínculo social que puede contener y mitigar las consecuencias de la pandemia.
La adhesión colectiva a la vacunación develará el justo reconocimiento y el apoyo que merecen los y las trabajadoras/es de salud que mantienen su compromiso irreductible con el cuidado de la salud de la población, mientras que las falsas noticias conspiran contra este apoyo. Para sumarnos al enorme esfuerzo de estos trabajadores, es imprescindible no circular mensajes que no hayan sido debidamente cotejados con fuentes confiables y oficiales.
De la misma manera en que la humanidad ha sorteado otros grandes desafíos, saldremos adelante si mantenemos las medidas de cuidado entre todos y todas, reafirmando nuestra convicción en que la solidaridad hoy es la única opción disponible para la prevención y el alivio definitivo del sufrimiento pandémico. Como Foro de Sociedades Científicas, Organizaciones de la Sociedad Civil y Universidades nos comprometemos a colaborar para que así sea.
Adhieren:
FORO DE SOCIEDADES CIENTÍFICAS ARGENTINAS, DE ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL Y DE UNIVERSIDADES
